Teresa Martín, El Comercio - Faldita y pantaloncito, ah, niños y niñas ¿o es al revés? Guerrera social. Azul y rosa, por supuesto en ese orden, todos armados de precintos ¿sociales? Uniforme de estigmas. Pegados a la piel antes de nacer incluso, encasillados como unos zapatos que no sirven para caminar, sino que están de adorno en una preciosa cajita de azul-tradición, ribeteada de rosa-hipocresía. No oses ponerte las botas que tú elijas, ni reivindicar tu derecho a estar cómodo en tus zapatos, no, que alguien desde una peana sellará la caja, ya ataúd.
Hace unos días en este mismo periódico se hablaba de porcentajes, de las bodas gais celebradas en las cuencas, en Asturias. Estos días en el balcón del ayuntamiento de Laviana ondea la bandera del arcoiris. Y supone una gran alegría comprobar que este colectivo, al que se le han negado sus derechos hasta ahora, y desgraciadamente aún se le siguen negando, ejerce por fin en España su derecho a decidir si quieren o no casarse, entre otras muchas cosas. Pero queda mucho camino por andar, y por eso, también supone una satisfacción que desde los ayuntamientos, Laviana o Mieres también, se apoye la lucha contra la homofobia.
Estamos de acuerdo con que es en la educación donde hay que incidir para que estos estigmas sociales desaparezcan. Y desde organizaciones como XEGA se trabaja, junto algunas escuelas o institutos -tendrían que ser todas las escuelas e institutos-, para que la sociedad luche contra la homofobia. Pero no es sólo a algunas escuelas o institutos, o más bien a los responsables de ellos, a los que les parecen apretar los zapatos de la férrea-intolerancia.
Que desde determinados oratorios incensados se coarten los derechos de personas que estén dentro del colectivo homosexual -y en realidad de quienes no piensen como ellos-, a estas alturas no nos sorprende sino que nos produce el amargor de verse aún en otras épocas. Pero hay algo aún peor. Aún existen zapatos, que no sirven para caminar sino para lucir, que lucen eslóganes que proclaman la libertad, que se alegran de esos porcentajes a los que aludíamos. Después vuelven a su cajita, funeraria, incensada por la hipocresía. De homófobos se calzan.
Hora es ya de enterrar la homofobia. Y sacar a la luz la educación.



























